Mi vida ha cambiado grandemente en el último año. Justo por estas fechas del año pasado, mi esposo y yo estábamos literalmente corriendo una maratón para tener todo listo para la llegada de Martina, nuestra hija.

Desde el momento que nos dieron la noticia de que una niña de casi 3 años llegaría a nuestro hogar, tuvimos muy pocos días para poder tener todo listo, pero por fortuna lo logramos. Por la misma época, empezamos a darnos cuenta que mi madre tenía un tema cardiaco importante y estuvo hospitalizada justo días antes de que conociera a su nieta. Será tema de otro post los detalles de todo lo relacionado con los cambios repentinos de ser padres sin hijos a padres con una hija, pero como podrán imaginar, y como lo he dicho en publicaciones anteriores, ante los posibles 7 meses más o menos que tienen los padres biológicos para adaptarse y prepararse, nosotros literalmente tuvimos menos de un mes! Fue una adrelanina fuerte aunada a la preocupación de la aparición de una condición médica de mi madre, además de venir con mi padre deteriorándose también por un tema cardiaco desde hacía ya unos años atrás.

Obviamente con la llegada de Martina, todo cambia de prioridad y acostumbrarse a ello después de haber venido manejando ritmos distintos por muchos años, no deja de ser algo complicado. Aprender a desarrollar habilidades, buscar reencontrarte con el niñ@ interior para compartir sus juegos y seguir el hilo de una imaginación que ya olvidaste, aprender a hacer peinados, revestirte de paciencia -la cual aún sigue en progreso :)-, cogerle el hilo al ritmo del jardín infantil, las reuniones de padres y actividades varias, aprender canciones infantiles, postergar los estrenos de las películas, los cuales no te perdías antes, para algún momento de tu vida en el futuro, aprender a lidiar con un cansancio distinto pues la energía de un niño pequeño no es nada fácil de seguir, el zacudón emocional que te ocurre por dentro por tantas cosas al tiempo, maravillarte con una sonrisa hermosa y una mirada llena de inocencia, en fin… son tantas cosas que es muy difícil explicar como mi vida y la de mi esposo ha cambiado tanto en estos casi 365 días desde que nuestro hogar creció tanto en número de integrantes como de emociones y sentimientos.

Viendo en retrospectiva todos los hechos adicionales que han ocurrido en este tiempo: muerte de mi compañera peluda adorada, Fiona en octubre del año pasado, el deterioro de mi padre a comienzos de este año con una agonía larga pasando hospitalizado más de dos meses hasta que se dio su trascendencia, la enfermedad de mi suegro, cardiaca también, quien tan solo un mes después de haber fallecido mi padre, también dejó este mundo físico, han sido ciertamente retos grandes en nuestra familia; siempre he sido una convencida que todo pasa por alguna razón y en el momento que es, ni antes ni después, y Martina estuvo ahí, para dar esperanza y alegría, no sólo a mi esposo y a mi, sino a toda la familia ante la dolorosa partida de seres tan queridos. Así que sí, ha sido un año con cambios gigantescos, con grandes alegrías por tener una hija hermosa, sana y adorable, y también con tristezas profundas que nunca habíamos vivido; se cumple un año de contrastes de talla mayúscula, pero ante todo, de una gratitud infinita porque nuestra hija es ese rayo de luz que nos ayuda a iluminar más nuestra vida y que nos reta a hacer cosas distintas.

Hoy más que nunca, mi esposo y yo estamos convencidos que ser papás a través de la adopción fue lo mejor que nos podía pasar, y que el momento en el que todo se dio, fue el indicado para que muchas cosas empezaran a tener forma. Estos últimos 365 días han sido sin lugar a dudas, los días en que he tenido que enfrentar a más cambios en mi vida… ¡es lo único constante en nuestra vida, los cambios! Vendrán con seguridad más retos, más aventuras y como todo en la vida, acogerlas con amor facilitará que todo siga fluyendo.

Ciertamente contar con que nuestra Martina ya vaya a cumplir un año con nosotros es motivo de gran celebración, ver todo lo que ha cambiado, lo que ha crecido, la belleza de ser humano que es, el reto tan grande que tenemos de ayudarle a mantener su esencia es enorme; no hay más que agradecimiento con Dios y la vida por premiarnos poniéndonos en el camino a este angelito que literalmente vino a ayudarnos con su luz a poner alegría en nuestra vida justo ante los momentos tan complicados y dolorosos que hemos tenido que pasar en los últimos meses.