Presenciamos momentos realmente tensos a nivel mundial; cada uno en nuestros países convivimos diariamente con los grandes retos de seguridad, desigualdad, injusticia, etc. (sobre todo para quienes vivimos en países latinoamericanos), sin embargo a muchos nos tocan el alma no sólo las preocupaciones y problemáticas sociales propias de donde habitamos, sino también las que aunque geográficamente estén distantes no pueden dejarnos de afectar.

¿Cómo convivimos diariamente con tanta desolación, con tanta injusticia, con tanto dolor? ¿Es posible que no nos afecte? ¿Cuál es el papel de nosotros ante estos escenarios desgarradores? Muchos dirán, eso no me compete, no puedo hacer nada al respecto… ¿será realmente así?

Cada ser vive y construye su realidad, sin embargo, como colectividad humana, la suma de las experiencias crean exactamente lo que vivimos hoy, es decir compartimos una experiencia colectiva; si fuese así planteemos de nuevo la pregunta, ¿cómo contribuyo yo a que la experiencia colectiva de la humanidad sea armoniosa y amorosa? Seguramente ahí si podremos caer en la cuenta que hay varios aspectos que podrían afectar de una u otra manera la realidad que compartimos, así que ¿cómo la estamos afectando? Todo arranca definitivamente por nuestra casa, nuestro entorno y más específicamente con nuestro ser. Respetando nuestra esencia, amándola, asimismo como respetando a quienes nos rodean, podría ser definitivamente el primer paso. Si mantenemos guerras internas con nuestros propios pensamientos, sentimientos y emociones ¿cómo podemos esperar que lo que haya afuera sea armonioso? Si tenemos relaciones dañinas, tratos inadecuados con nuestros seres cercanos ¿cómo podemos llegar a tratar a quien no tiene ninguna relación con nosotros?

Puede que los grandes conflictos mundiales tengan sus raíces ancladas a centenares  de causas y a antiquísimas razones, sin embargo, en el momento que cada ser despierte a la única realidad de que tan sólo una vida vale mucho más que cualquier “razón” de tipo político, religioso, de género, de creencias, etc., en ese momento, el futuro de la humanidad podrá cambiar; sólo despertando la luz que cada uno tiene y comprendiendo la esencia de que cada ser está aquí para cumplir una misión y que nadie tiene derecho a truncarla, es que podemos llegar a que el proyecto “humanidad” sea viable.

Es un trabajo individual, interno y constante, siendo ejemplo, encendiendo nuestra luz, y eventualmente por reflejo, ayudar a que los demás despierten a su luz interna… sólo teniendo esa tranquilidad de que cambiamos para mejorar siempre el único espacio del que somos completamente responsables, es decir nosotros mismos, es que podemos vivir en paz con el caos que nos rodea.