Has tenido circunstancias en tu vida donde sabes que debes parar de hacer algo y sencillamente no puedes hacerlo, pero resulta que ocurre un evento externo que hace que aquello que tu no pudiste decir “no más”, sencillamente termine? He experimentado en carne propia esta situación y me hace convencer que Dios y el universo es sabio, pues resulta que nos da esta ayuda extra cuando por las razones que sea, nosotros no somos capaces de decir, no más! Esto suele ocurrir bastante en el ámbito de las relaciones sentimentales y particularmente me pasó en un par de ocasiones, hasta que aprendí la lección, organicé la casa por dentro y cuando todo estuvo listo y también cuando menos lo esperaba, se dio todo para que pudiera organizar una vida en pareja armoniosa, feliz y estable.

No es necesariamente sencillo decir no más ante circunstancias específicas, porque estamos tan metidos en el cuento, que nos cuesta ver más allá. Reflexionando sobre esto, hoy quiero compartir con ustedes un caso particular en el que en este caso mi esposo y yo decidimos decir: No más.

Somos una pareja que se reencontró en una etapa madura y cuando vino el tema de la familia, teníamos como elementos “agravantes” la edad que particularmente en las mujeres tiene un impacto severo en términos de fertilidad aunado a un cuadro complejo de endometriosis severa que me viene acompañando desde hace más de 10 años. Cuando la búsqueda de bebé no tuvo resultado, decidimos iniciar un tratamiento de fertilidad que debo decir emocionalmente me golpeó bastante. Admiro y respeto a aquellas parejas que pasan por este tipo de tratamientos en repetidas veces, porque es un proceso muy desgastante en todo sentido: tu cuerpo bombardeado por medicinas, hormonas, pinchones, tu mente con la gran expectativa de ¿será que va a funcionar?, estar pendiente del más mínimo síntoma de tu cuerpo es algo agotador, además del tema económico, pues son tratamientos costosos.

Iniciamos tratamiento en Junio de 2015 muy esperanzados pero también teniendo claro el panorama, que las posibilidades no eran muy altas dado que mi cuadro clínico complicaba un poco la situación además de la edad madura. Fueron semanas de experimentar tantas emociones juntas: felicidad, expectativa, preocupación, incomodidad, tristeza, emoción… en fin; dentro de todos los posibles inconvenientes que podrían ocurrir, el tratamiento fue avanzando positivamente, mi cuerpo respondió a la estimulación para generar más óvulos, los pudieron extraer y fertilizar, y a medida que avanzábamos las esperanzas subían. Cuando hicieron la transferencia de 2 embriones fue un momento súper especial y desde ahí hasta el test de embarazo creo que han sido de los días más largos que he vivido y llenos de mucha incertidumbre. El primer resultado aunque positivo fue con niveles muy bajitos lo que nos dejaba ver que muy probablemente no iba a terminar bien y efectivamente fue un embarazo bioquímico que no prosperó. Hubo una tristeza grande pues me había aferrado a todas posibilidades, por pequeñas que fueran, y claro que también hubo llanto. Nos tomamos unos días para asumir la situación y luego volvimos al especialista para entender bien las posibilidades y ya el siguiente paso que recomendaron para aumentar las probabilidades de un embarazo exitoso, era intentar con una donante de óvulo; teníamos claro que queríamos ser padres, pero en ningún momento nos limitamos a ser sólo padres biológicos y aunque sé que gestar y llevar a un bebé en el vientre debe ser una experiencia única, no me obsesioné con esa idea y fue por eso, que en ese momento como pareja decidimos decir, hasta aquí llegamos, no más y nos enfocamos en el proceso de ser padres por adopción.

Viendo ahora nuestra situación actual, tener a nuestra bella hija en casa, sana y feliz, nos hacen afirmar que tomamos la decisión correcta diciendo No más a tiempo; nada nos garantizaba que pudiéramos concebir, y por el contrario al ser confirmados como padres aptos para adoptar, sabríamos que más temprano que tarde recibiríamos la llamada para informarnos que nuestro hijo o hija ya estaba esperándonos.

*** A veces creemos que la vida dice “no” mientras dice “espera” ***

Muchas veces debemos decir no más porque hay algo maravilloso esperando por nosotros, sólo hay que confiar; hay distintas formas de llegar a lo que queremos y soñamos. Por salud mental hay que saber hasta cuándo estamos dispuestos experimentar una situación particular. Decir no más no es renunciar, es confiar en que algo mejor llegará!