¿Cuántas veces hemos escuchado el famoso adagio “Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”? ¿Has tenido las oportunidad de experimentarlo últimamente? Por razones médicas tuve por unos días la oportunidad de apreciar mucho más aquellas pequeñas cosas que hacemos en la cotidianidad y que damos por descontadas: poder dormir en la posición que te plazca, tomar un baño relajado, caminar con soltura, salir así sea al supermercado a comprar algo, reír a carcajadas o simplemente estornudar. En el tiempo que tuve algunas limitaciones para hacer aquello que suele ser tan normal, aprendí a valorar mucho más absolutamente todo lo que hace parte de la vida cotidiana, y tan pronto pude recuperar mi completa movilidad sentí un júbilo indescriptible.

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“Aprecia las pequeñas cosas, hay muchas”

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No es necesario experimentar la falta de algo para apreciarlo; no dejemos que pase un sólo día de nuestras vidas sin agradecer por todo cuanto acontece: por lo que vemos, lo que oímos, lo que experimentamos a través del gusto, lo que olemos, los momentos agradables así como los que no son tanto, las oportunidades que tuvimos para sonreir, para compartir con la gente, lo que aprendemos cada día… En fin, tantas cosas que por ser parte de nuestro día a día olvidamos en ocasiones agradecer.

La gratitud es la llave de la prosperidad, ya que sino apreciamos aquello que ya tenemos y disfrutamos no podremos aspirar a más ya que tampoco lo apreciaremos. Estamos bendecidos por el sólo hecho de poder disfrutar un día más de vida, por poder respirar, por poder expresarnos… Cuando tengamos algún momento difícil no olvidemos tener en cuenta todo lo bueno que nos ha dado la vida, todo lo que hemos experimentado, las personas valiosas que nos acompañan, todas las bendiciones que nos han sido concedidas; con seguridad, apreciar lo bueno que tenemos nos dará luz para poder manejar con sabiduría las situaciones dificíles.

Siempre es buen momento para decir:

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“Hoy tengo ganas de decir: GRACIAS A LA VIDA”

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