Es una realidad que el tema de la maternidad se ha revaluado mucho en la sociedad actual; cada vez más las mujeres postergan la maternidad por distintas causas: por solidificar primero una carrera profesional, porque quieren primero viajar mucho, porque no encuentran su compañero ideal o porque sencillamente no es una prioridad en su vida. Cada mujer tiene motivaciones distintas y todas son válidas, y no considero como dicen muchos, que sólo siendo mamá es que se es completamente mujer… este tipo de pensamientos me parece discriminador pues ¿acaso aquellas mujeres que quisieron pero no pudieron ejercer la maternidad, son incompletas? No lo creo en absoluto.

La maternidad llegó a mi vida hace casi un año, de una manera que creo cada vez es más normal, que ya tiene mucho menos tabú que hace algunos años, y que es una excelente opción en primer lugar de darle a un niño o niña su derecho de tener un hogar, y como segunda instancia, ofrecerle a una pareja que no ha podido (o no ha querido) tener hijos biológicos, la opción de ser padres: la adopción.

La adopción siempre fue una opción importante para hacer crecer nuestra familia y fue concensuada antes de que mi esposo y yo nos casáramos; cuando decidimos unir nuestras vidas ya éramos “maduros” y además yo venía desde hace más de 10 años con una situación de endometriosis severa (enfermedad que afecta alrededor de 10% de las mujeres en edad reproductiva) que impacta de manera importante la fertilidad; al tener el panorama claro de que habían factores que podrían dificultar la concepción y de que queríamos tener hijos, la adopción estuvo siempre como una opción prioritaria.

Como es natural en gran porcentaje de las mujeres y de parejas, intentamos ser padres biológicos inicialmente, pero sin obsesionarnos, porque entre otras cosas, ya no había mucho tiempo pues estábamos ya alrededor de los 40 años; después del primer intento fallido de concepción asistida, le dimos vía libre a la que era nuestra opción más inmediata, y fue un proceso muy bonito. Como les cuento, no nos obsesionamos con tener un embarazo; sí, hubo tristeza cuando no se dio, pero no fue algo que me llevara a un período de depresión como le suele pasar a muchas mujeres; afortunadamente estaba muy centrada y al tener una opción amorosa como es la adopción para ser madre, nos focalizamos en entregarnos a dicho proceso.

El proceso de adopción puede ser largo, confuso y sobre todo muy inesperado; cuando se tiene un embarazo, se sabe que durará 9 meses, que al cabo de unas cuantas semanas se podrá saber el sexo del bebé; en cambio en un proceso de adopción, una vez pasas todas las pruebas para ser encontrado como padre y madre apta, no sabes cuánto puede tardar: meses, años? No sabes si será un niño, una niña, qué edad va a tener (al menos en Colombia no, pues las edades van direccionadas por las edades de los padres)… en pocas palabras, no tienes mucha más información más allá de que tu hijo o hija llegará en algún momento… en algún día, de algún mes, de algún año. Y por más que quieras prepararte con anticipación, no hay mucho que puedas adelantar; al no saber qué edad tendrá tu hijo/hija no puedes decorar la habitación, no puedes comprar ropa, en fin… hay muchas cosas que no sabes, y que sólo debes esperar y confiar.

Nuestro proceso no fue muy largo por fortuna… un poco más de un año y llegó la tan ansiada comunicación de que ya habían encontrado a nuesto hijo o hija y debíamos presentarnos para darnos más información; solo con ver una foto bastó para que nuestra vida cambiara completamente: era la niña más hermosa y todo lo que habíamos soñado y anhelado! En dicha reunión nos dieron detalles de la niña, dónde estaba, cómo estaba, nos mostraron dos fotos y nos dijeron que estuviéramos pendientes, que en pocos días nos dirían cuándo sería el encuentro. ¡Desde ese día empezó la maratón! Ya sabíamos que era niña, que ya casi iba a cumplir 3 añitos y entonces ya podíamos comprar su cama, decorar su cuarto, comprarle ropa y juguetes; las siguientes 4 semanas fueron frenéticas para poder tener todo listo para tan anhelado encuentro.

Por fortuna tuvimos tiempo de tener todo como queríamos y el día que tuvimos el encuentro con nuestra hermosa Martina fue inolvidable; estábamos completamente ansiosos, nerviosos, pues nos ibamos a enfrentar a grandes cambios en muy poco tiempo; cuando se es madre biológica tienes al menos 7 meses u 8 meses para prepararte, nosotros tuvimos menos de un mes para tener todo listo antes de que nuestra hija llegara al hogar. Es un período muy emocional, como digo de grandes cambios pues todo cambia y en muy corto tiempo, pero la verdad, el carisma de nuestra hija y su amor facilitaron mucho el proceso.

Este será mi primer día de la madre siendo madre, y estoy muy feliz; Martina me está ayudando a reconectarme con muchas cosas: con mi niña interior, con la simplicidad que debiéramos tener al ver de la vida, con la espontaneidad, con las risas desparpajadas… en estos momentos es mi gran maestra, !me está enseñando tantas cosas! y también me doy cuenta que tengo tantas cosas por mejorar! Pero lo más importante es disfrutar al máximo de este proceso.

No podría estar más feliz de celebrar mi primer día de la madre contigo Martina, mi hermosa niña expresiva, amorosa, de grandes ojos almendrados y de risa contagiosa. Te amo con toda mi alma y mi corazón y agradezco inmensamente a Dios y a la vida de haber propiciado este maravilloso y mágico encuentro. No te llevé en mi vientre por 9 meses, pero tengo la certeza que siempre viviste en mi corazón… verte crecer será la más grande aventura que podremos tener!