En entregas anteriores hemos visto los primeros dos acuerdos: Sé impecable con tus palabras y No te tomes nada personalmente; este tercer acuerdo, No hagas suposiciones trae consigo interesantes retos para nuestra ya muy arraigada forma de proceder; el ser humano es feliz suponiendo sobre cuanta situación se presenta y lo más curioso es que nos creemos lo que suponemos, y entonces armamos unas películas al buen estilo de Hollywood y resulta que ¡oh Sorpresa!, cuando todo se aclara, estábamos muchas veces muy lejos de la situación real; esto se resuelve relativamente fácil, pues para no suponer, simplemente pregunta, sin embargo por diversas razones muchas veces nos atemoriza preguntar y preferimos llenar nuestra mente ávida de acción y también de drama, de nuestras propias versiones de lo que nos rodea. Lo más interesante del hecho de hacer suposiciones, es que como nos creemos lo que suponemos, podemos predisponernos con las personas, puesto que en nuestro entretejido creado esa persona está jugando un papel y entonces lo que hacemos es crear tremendo novelón cuando lo que sucede es mucho más sencillo de lo que nos hemos imaginado.

El desgaste emocional que hay detrás del ejercicio de hacer suposiciones es muy alto, nos desarmoniza, nos baja la energía vital, nos des-focaliza, así que la próxima vez que te encuentres creando tu propia novela, recuerda que puedes evitarte muchas cosas si simplemente preguntas.

Como cada uno vive en su mundo y en el mismo se cree rey, asume que las demás personas deberían saber lo que les gusta y cómo se sienten, ¡nada más alejado de la realidad!; no se puede pretender que las demás personas “vivan en nuestra mente”, así que no debemos juzgar ni malinterpretar cuando se comporten de una manera distinta a la cual esperamos; y es precisamente aquí donde considero que reside la causa de muchos de nuestros más grandes “dolores” o “sufrimientos” como seres humanos y es la expectativa; como suponemos que los demás “debieran” actuar como lo haríamos nosotros, somos seres llenos de expectativas, y cuando éstas no se dan, pues sencillamente nos sentimos defraudados; preguntémonos por un momento, ¿de quien es la responsabilidad de esa sensación de defraudación? ¿Quien creó la necesidad de “esperar” algo?

Si bien puede representar un reto importante superar el temor a preguntar, con toda seguridad te brindará el camino para tener comunicaciones claras, sin lugar a que la duda se aposente y comience el peligroso proceso de elaborar suposiciones. Hay una consecuencia en la aplicación de los acuerdos, puesto que si no haces suposiciones, evitarás tomarte las cosas personalmente y esto te llevará a ser impecable con tus palabras.

Próximamente el último acuerdo: Haz siempre tu mayor esfuerzo