Vivimos en un mundo en el que todos los días reclamamos “justicia” y en el que muchos días pueden lucir desesperanzadores porque parece que las injusticias son mucho mayores que los actos nobles; particularmente creo que los medios de información se encargan por el amarillismo que cargan muchos, en enfatizar precisamente eso, lo “malo” pero confío y tengo esperanza en que la bondad del ser humano podrá sobrepasar esos episodios de oscuridad. Y lo digo en esta ocasión haciendo alusión a un documental que vi hace un tiempo y que realmente me llenó el alma; el documental se llama Shelter me, y muestra todo el proceso de rescatar, cuidar a los animales y buscar sitios seguros para que los adopten en Estados Unidos, hasta ahí suena como una labor muy normal; sin embargo, lo que me encantó de este documental es como articularon todo un proceso sostenible para incorporar varios actores y hacer una obra que yo encuentro maravillosa; hay una fundación que se encarga de adoptar perritos de los refugios que luego son llevados a las cárceles para que sean entrenadas por reclusas como perros de servicio; estos perritos luego de procesos de entrenamiento intensivos que pueden oscilar entre 4 y 10 meses, son entregados a personas que no pueden caminar, que tienen algún tipo de inconveniente psicomotriz, que sufren convulsiones, o que presentan algún tipo de necesidad que les haga requerir asistencia permanente; algunas de las reclusas están sentenciadas a cadena perpetua, otras tienen largas penas por purgar, pero encuentran en esta actividad, además de un espacio para ocuparse, una manera para resarcir de alguna manera sus errores y devolver algo valioso a la comunidad.

Considero que programas de este estilo, que le permitan a las personas que, por las circunstancias que sean, están en las cárceles son los que realmente facilitan tener una rehabilitación; desafortunadamente en países latinos como el mío –Colombia-, las oportunidades para los reclusos de rehabilitación son mínimas por las condiciones de los sitios de reclusión y por el sistema en sí. Soy consciente que las realidades de países como el que vi el programa son distintos a los nuestros, sin embargo creo que siempre pueden existir oportunidades de crear espacios y maneras de generar segundas oportunidades, porque si bien es cierto que hay personas que “se equivocan” y causan daño a la sociedad, también deben haber maneras de que si tienen la genuina voluntad de cambiar su comportamiento y hacer algo bueno por la comunidad, poderlas facilitar. Al ver este documental y ver la felicidad de las reclusas de sentirse útiles al ver que por su trabajo y dedicación podrían cambiar dramáticamente la vida de alguien, me convence que la bondad del ser humano y la conexión con los animales, puede obrar milagros.

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La aproximación y contacto amoroso con los animales puede con seguridad volvernos mejores seres humanos

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