Es muy común que en nuestra cultura pasemos por alto cosas, que a simple vista parecen no tener importancia pero realmente si la tienen. Es importante que celebremos cada logro que obtengamos, pues por pequeño que pudiera parecer, trae consigo esfuerzos asociados, fuerza de voluntad y empeño que le pusimos.

La vida consiste de constantes cambios, constantes retos, constantes logros y por supuesto también desaciertos que nos ayudan en nuestro aprendizaje; es bastante frecuente que cuando experimentamos esos desaciertos, nos castiguemos duramente, diciéndonos a nosotros mismos: “¿cómo pude equivocarme así?”, “¿cómo no me di cuenta de que me esa no era la manera correcta?”, y así sucesivamente; contamos con una grandiosa programación colectiva que nos lleva a autoflagelarnos cuando no logramos lo que nos hemos trazado. Esta práctica no es sana, pues con seguridad podemos abordar esas situaciones con perspectivas más amables con nosotros mismos, tratando de ver objetivamente los hechos, analizar la razón por la cual no logramos lo que esperábamos, y capitalizar los aprendizajes de dicha experiencia.

¿Y qué sucede cuando tenemos algún logro? ¿Cómo lo celebramos? Puede que tú celebres o reconozcas tus logros por pequeños que sean, pero puede también que sólo hagas ese ejercicio de reconocimiento cuando se trate de un logro “mayor” y ni siquiera percibas cuando has logrado algo que pareciera no ser importante, pero con seguridad es el camino que te llevará a hacer algo precisamente mayor. Cada gran meta que logramos se debe a nuevos pasos que damos en dicha dirección, así que los logros pequeños que alcancemos en ese camino, bien merece la pena que los reconozcamos.

Para lograr algo es necesario hacer cambios y los seres humanos tenemos cierta adversidad hacia los mismos; así que el sólo hecho de incorporar un cambio a tu vida en pro de lograr aquello que has planeado, ya es en sí un logro, pues es vencer a la comodidad de seguir haciendo las cosas de la manera como siempre las hacemos. El acto de reconocer nuestra voluntad, nuestra persistencia y empeño hacen parte del amor propio que cada día debemos solidificar; tratarnos con cariño y reconocer lo bueno que tenemos y lo bueno que hacemos, es una manera sencilla de mejorar nuestra vida, pues de esa manera apreciaremos mucho más aquello que hacemos y aquello que hacen los demás. Gratitud hacia lo que nos rodea, hacia lo que logramos, abrirá las puertas para recibir más y tener vidas más plenas.

En esta ocasión yo quiero reconocer mi fuerza de voluntad y mi empeño al haber terminado un proceso de detox por una semana sin ninguna proteína animal ni alimentos procesados; es parte de un proceso que he decidido emprender buscando traer hábitos más saludables, lograr mi peso ideal y sentirme mejor.

¿Y tú, qué logro te falta por reconocer?

Recuerda, cualquier paso o logro que te acerque a una meta mayor es igual o más importante que el logro final, pues construye el camino que te lleva a tu objetivo final.

El sólo hecho de decidir incorporar un cambio en tu vida es un logro… un logro para modificar la inercia con la cual muchas veces nos movemos en nuestra vida. ¡Celebra los cambios que decides traer en tu vida!