Los cuatro acuerdos, es el nombre de un ensayo escrito por el doctor mexicano Miguel Ruiz que relata de acuerdo a los toltecas – quienes habitaron hace mucho tiempo el sur de México y fueron conocidos como mujeres y hombres de conocimiento – cuáles son los principios que el ser humano debe practicar para llevar una vida equilibrada y armónica. Voy a elaborar un poco sobre cada uno de ellos ya que coincido plenamente que con la interiorización y práctica de estos acuerdos, se puede llevar una vida mucho más plena y libre del “drama”, que es tan común en el estilo de vida moderno. En esta primera entrega, veremos el primero: Sé impecable con tus palabras.

Las palabras tienen fuerza creadora; todos sabemos el poder grandioso que tienen unas palabras de aliento en un momento en el que alguien está sin esperanza, así como también las heridas profundas que pueden causar las que se dicen desde el ego, desde la arrogancia y que buscan dañar o manipular a la persona a la que se le dice. El libro cita esto al respecto del poder de las palabras: “Todo ser humano es un mago, y por medio de las palabras, puede hechizar a alguien o liberarlo de un hechizo”; depende de nosotros si vamos por la vida lanzando hechizos a nosotros mismos y a nuestros semejantes, o si por el contrario, usamos palabras limpias y sinceras provenientes del amor, para que lo que digamos sea reconfortante y aliviador. Esto no quiere decir que no seamos firmes con nuestras posiciones, estoy segura que muchas veces te pueden haber dicho cosas “duras”, pero la forma como te la dijeron fue ecuánime y libre de juicio, así que no te sentiste vulnerado; a esto me refiero con ser impecable con las palabras, siempre debemos decir las cosas desde un punto de vista empático… cuando haya que decir algo, siempre preguntémonos, ¿cómo me gustaría a mí que me hicieran saber lo que quiero comunicar? Cuando nos ponemos en el lugar de la otra persona, todo cambia; soy una convencida de que si todos practicáramos la empatía, las cosas serían totalmente diferentes. ¿Qué sacamos con pronunciar palabras que hieren y molestan? ¿Qué crees que estás demostrando cuando actúas de esa manera? Te invito a que examines las sensaciones que hay en tu interior cuando te ocurran esas situaciones y saques tus propias conclusiones.

Las palabras “crean” … el mago dice, Abracadabra, que de acuerdo a una traducción en arameo significa, “Yo creo como hablo”… ¿Qué quieres crear? Cuida la forma como hablas, pues aunque se diga que las palabras se las lleva el viento, pueden obrar maravillas o desastres, dependiendo de la intención y vibración con las que las digamos.

Facundo Cabral decía: “No digas no puedo ni en broma, porque el inconsciente no tiene sentido del humor, lo tomará en serio, y te lo recordará cada vez que lo intentes”.

Es muy importante tomar en serio lo que decimos; recuerdo mucho algo que menciona José Luis Parise que es un psicólogo, psicoanalista y estudioso de los caminos iniciáticos nacido en Argentina, en sus conferencias y entrevistas que voy a intentar parafrasear: Los textos bíblicos hacen mención a que en el proceso de creación cuando sólo estaba el verbo, éste dijo: “Hágase la luz”, y la luz se hizo; si no había nadie más ¿a quién le hablaba el verbo? ¿Cuál era la razón para que “hablara”? Porque es a través de la palabra que obra el poder creador.

Termino esta primera entrega con una cita de Sigmund Freud que es más que apropiada para el tema que estamos tratando: “La ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como lo son unas palabras bondadosas”. ¿Tu qué quieres transmitir cuando hablas?

En la siguiente entrega exploraremos el segundo acuerdo: No tomes nada en forma personal