En algunos momentos de mi vida me he dejado llevar por la intensidad del momento, de mis creencias en ese momento, de mis emociones y me he dado cuenta que precisamente no voy en línea con el título de este post; ¿a ti te ha llegado a pasar que sientes que estás un poco pasado con algún aspecto de tu vida? Muchas veces puede ocurrir con nuestras creencias (incluidas la religión), nuestras aficiones o intereses, el trabajo, etc… En algún momento identificamos como algún tipo de “exceso” y es importante saber leer las señales cuando estas aparecen. Todo lo que hagamos en nuestra vida debería ir encaminado a la búsqueda de la armonía y el equilibrio, así que cuando notemos esos excesos y detectemos que no están en línea con esa paz interior, es momento de preguntarse, ¿será que se me está yendo la mano? Exceso en este contexto es entonces todo aquellos que nos aleje de ese estado de armonía, algunos ejemplos: ¿Estoy descuidando mi salud? ¿Estoy dando demasiado? ¿Estoy trabajando mucho y no estoy descansando ni divirtiéndome lo suficiente? ¿Mi situación sentimental me está aportando o por el contrario me está atormentando?

La justa medida de todo cuanto decidamos hacer en nuestra vida debe ser aquello que nos aporte paz, salud, felicidad, tranquilidad, gozo; tener el sensor prendido y saber reaccionar cuando éste nos indique que hay un desbalance será esencial para que podamos tener esa armonía que es lo que todo ser humano busca. Tomar medidas para hacer correcciones y redireccionar los aspectos en los que nos estamos excediendo se convierte en una actividad importante de activar tan pronto se identifique, pues de lo contrario el hábito se irá estableciendo y será más difícil luego con el paso del tiempo accionar cambios, pues se vuelve algo “usual”; los seres humanos nos acostumbramos a todo, les suena familiar esa frase? Nos acostumbramos tanto, que nos acostumbramos hasta a llevar vidas infelices y desdichadas! ¿No les parece triste? Y lo es más porque está en cada uno de nosotros el poder de cambiar, tomar otras decisiones, pero desafortunadamente estamos enseñados a obedecer y a conformarnos, con frases como “Es que es lo que me tocó vivir”, damos a la vida y a los factores externos toda la responsabilidad de nuestras existencias insatisfechas y abandonamos nuestro divino derecho de vivir en la tierra el paraíso. No caigamos en el juego de la gran mayoría de seres humanos que pasan sus existencias extrañando o maldiciendo su pasado y de ahí fortalecen sus excusas para no tomar las riendas de sus vidas y por ende dejarse llevar por la vida en lugar de disfrutarla.

Vale la pena preguntarse, ¿tengo la justa medida en mi vida de amor, salud, bienestar, prosperidad, retos o desafíos, emoción, ocio? ¿Qué puedo empezar a hacer distinto para acercarme al estado que quiero estar? ¿Qué me falta para accionar lo que mi vida requiere? ¿Qué tan empoderado me siento para actuar?

Encontrar la justa medida no necesariamente es fácil, pero con seguridad será algo muy entretenido si incorporas a tu día a día la práctica de la autoindagación, de estar preguntándote constantemente ¿Cómo estoy? ¿Cómo me siento? Sensa tus emociones con regularidad y ve más allá, ve al fondo, esculca y encuentra qué hay detrás de esas emociones; sólo tú, preguntándote conscientemente encontrarás las respuestas sobre qué puedes hacer para ir encontrando esa justa medida en todos los aspectos de tu vida. Te invito a que te mantengas más alerta de ti mismo, de tus emociones y sensaciones y conservando un estado de curiosidad y atención, podrás hacer descubrimientos interesantes sobre lo que te ocurre, y así mismo, sobre qué puedes hacer para llegar al estado que quisieras tener en tu vida.

Bendiciones!