¿Cuántas veces hemos emitido juicios a priori sobre situaciones de otras personas refiriéndonos a que nosotros nunca obraríamos como ellas? ¿Sabemos acaso las situaciones que los asisten para tomar decisiones?

Emitir juicios, qué ejercicio tan interesante y retador que tenemos para practicarlo en nuestro día a día… Personalmente sigo trabajando fuertemente en irlo minimizando en mi vida, y como lo decía es todo un reto, pues hemos sido educados en contextos enmarcados por los juicios: la prensa, la televisión, la radio, nuestras familias, en muchos de estos ámbitos está presente el estar calificando y juzgando a los demás.

¿A qué crees tu que se debe esto? ¿Qué nos genera esa necesidad de estar comparando la forma como yo haría algo y contrastarla con lo que hacen los demás?… Yo nunca diría eso, yo nunca haría eso, yo nunca iría a ese lugar, yo nunca trataría a alguien así.… ¿En serio? ¿Podemos apostarlo? Y si así fuera, ¿qué nos lleva a la necesidad de enfatizarlo? Pensémoslo bien… Cada ser es un universo, cada ser tiene mapas mentales y conceptuales únicos y a la luz de eso direcciona sus comportamientos, decisiones, etc. ¿Cuáles son las sensaciones que experimentamos después de emitir un juicio? ¿Acaso son de bienestar? ¿O por el contrario nos incomoda?

Busquemos cambiar los yo nunca que decimos por Yo Nunca Juzgo a Nadie y buscar que todo lo que salga de nuestra boca sea para construir, y los pensamientos que tengamos de los demás sean para enaltecer.

Recordemos las leyes universales, lo que damos recibiremos, si enviamos al universo mensajes de juicio, reproche y censura que crees que recibiremos? Respetar las decisiones de los demás aún en los casos que para nuestros ojos sean “errores”, cada quien tiene su ritmo y su plan de vida, y es perfecto para aquello que cada persona requiere para su evolución.

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En medio del caos que usualmente vemos existe un orden que puede ser imperceptible, confiemos en el orden superior que asiste todo cuanto existe.

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